LOS FRUTOS DE LA TIERRA

 

Elegiste, Seņor, para quedarte frutos simples surtidos de la tierra, pan y vino sembrados por el hombre y que pueden estar en cualquier mesa.

 

Que sepamos, Seņor, ser tu pan bueno nacido de la espiga verdadera.

 

Hoy trayendo espigas y racimos nos llegamos, Seņor, hasta tu mesa para unir a la ofrenda de tu Hijo el gozo y el dolor de la cosecha.

 

Que sepamos, Seņor, ser vino bueno, y apagar en el mundo la tristeza.

 

 

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